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Victoriano, soltero practicante donde los hayan, jura y perjura que al centro del pueblo no se asoma si no es por culpa de la hernia, que de vez en cuando se le “jinca entre las piernas”. De la soltería poco que hablar, tuve una novia que vivía por el Montón. Hasta que un verano pa las fiestas llegó un melenas de San Boi y se fue con él. A saber como le irá. Me fui al tercio cuando lo del Sahara, y me vine cargao con un tapiz, donde se veía a un lobo dándole un bocao a un ciervo. Todavía lo tengo en donde las ovejas, pa tapa algo donde guardo las sartenes. Totá pa volvé cargao de pastillas y con un papel para que me acerque a Llerena. Allí si que no me ven. Entras regular y si sales, sales peor, si sales. Que me lo ha dicho el Paco, un chófer de la estación de autobuses. Y yo me fío de él. Como mucho, me acerco a la Paradita, todo hay que decirlo, te sirven bien, un vaso de vino de Maguilla y una tapita de sangre frita (yo pensaba que eran higadillos) muy bien. Además, no está ...
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Camino a Monsul El rigor del clima reduce al arbolado a su mínima expresión. Todo indica a que hablamos de un desierto; pero no es así. La vegetación existe, áspera, con nombres tan impronunciables como fonéticamente deslumbrantes.
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Si la torre hablara, lo que que por su par de ventanas ha visto; de tempestades, de amores e infortunios, de alegrías, de niños correteando, de funerales, de arribada de barcas, y de abandono.

La Charca

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La Charca donde vivo anda algo revuelta. Recuerdo cuando sus aguas eran transparentes y tranquilas. En ellas convivíamos tantas criaturas... Hacia ella llegaban mansas avenidas de lluvia con su susurro, trayendo consigo hojas que caídas de los árboles en otoño se cobijaban al amparo de sus orillas. Los bailarines zancudos dibujaban infinidad de anillos que desaparecían y aparecían al antojo de sus largas patas. La Charca donde vivo se oscurece poco a poco.... Y somos nosotros los culpables.