Camino a Monsul El rigor del clima reduce al arbolado a su mínima expresión. Todo indica a que hablamos de un desierto; pero no es así. La vegetación existe, áspera, con nombres tan impronunciables como fonéticamente deslumbrantes.
Si la torre hablara, lo que que por su par de ventanas ha visto; de tempestades, de amores e infortunios, de alegrías, de niños correteando, de funerales, de arribada de barcas, y de abandono.