
Victoriano, soltero practicante donde los hayan, jura y perjura que al centro del pueblo no se asoma si no es por culpa de la hernia, que de vez en cuando se le “jinca entre las piernas”.
De la soltería poco que hablar, tuve una novia que vivía por el Montón.
Hasta que un verano pa las fiestas llegó un melenas de San Boi y se fue con él. A saber como le irá. Me fui al tercio cuando lo del Sahara, y me vine cargao con un tapiz, donde se veía a un lobo dándole un bocao a un ciervo. Todavía lo tengo en donde las ovejas, pa tapa algo donde guardo las sartenes.
Hasta que un verano pa las fiestas llegó un melenas de San Boi y se fue con él. A saber como le irá. Me fui al tercio cuando lo del Sahara, y me vine cargao con un tapiz, donde se veía a un lobo dándole un bocao a un ciervo. Todavía lo tengo en donde las ovejas, pa tapa algo donde guardo las sartenes.
Totá pa volvé cargao de pastillas y con un papel para que me acerque a Llerena. Allí si que no me ven. Entras regular y si sales, sales peor, si sales. Que me lo ha dicho el Paco, un chófer de la estación de autobuses. Y yo me fío de él.
Como mucho, me acerco a la Paradita, todo hay que decirlo, te sirven bien, un vaso de vino de Maguilla y una tapita de sangre frita (yo pensaba que eran higadillos) muy bien. Además, no está de más que mientras bebes subío en el taburete, ves a la gente axfisiá de calor que viene de Córdoba, a la peor hora, donde ni los lagartos andan, y menos yo.
Asín que esa tarde perdoné la siesta. No recuerdo, desde hace mucho tiempo, la última tarde que no me eché a descansar las piernas, vamos, que me vine arriba y me dije: “hoy es tu día, dale al ojo y cuidao con el vino”
Al ojo le dí, y no se sabe como, al vino más que al ojo, la cuestión: que me dieron las diez y sin aparecer por Llerena.
El otro día, después de encerrar a las ovejas, me viene el Jose, el Lince, le llaman, será porque los ojos no acabas de situarlos donde los tiene, uno no sabe si es que no te quiere ver o es que en verdad está acechando a un conejo, venga del lao que venga.
Buen tipo el Lince. Todo hay que decirlo.
Ya venía el hombre algo cargado, de hombros, como siempre, pero más le pesaba la porfía con Manolo el Chato: Se trincaron, entre los dos, litro y medio de vino de Ayllones, uno, y el otro lo mismo de Maguilla:
” Los de Ayllones, este año le han dao al agua. Han secao hasta el Pozo Santo de Azuaga”
” Victoriano, no me vengas con historias”.
Ni Loro ni Conchas, ni quiosco en el parque ni tostá con pringue colorá en La Mezquita.
Ahí no se me ha perdio na, y en los meses de verano menos, y pa la feria que no hay quien ande entre endomingaos.
Muchos veranos hace que no se acerca por el Cerro Hierro. La última vez aún fumaba y se dejaba caer por el Camilo o La Guarra.
Antes, la ruta del tabaco y el vino: una cuarta de tabaco pa liar, una arroba de vino en las bodegas Castillo, tres botellas de aguardiente y alguna caja de botellines Mahou en la Leonesa.
Que rara aquella mujer, La Leonesa, tenía cuatro pelos en la cabeza y una perilla de legionario.
Como mucho, me acerco a la Paradita, todo hay que decirlo, te sirven bien, un vaso de vino de Maguilla y una tapita de sangre frita (yo pensaba que eran higadillos) muy bien. Además, no está de más que mientras bebes subío en el taburete, ves a la gente axfisiá de calor que viene de Córdoba, a la peor hora, donde ni los lagartos andan, y menos yo.
Asín que esa tarde perdoné la siesta. No recuerdo, desde hace mucho tiempo, la última tarde que no me eché a descansar las piernas, vamos, que me vine arriba y me dije: “hoy es tu día, dale al ojo y cuidao con el vino”
Al ojo le dí, y no se sabe como, al vino más que al ojo, la cuestión: que me dieron las diez y sin aparecer por Llerena.
El otro día, después de encerrar a las ovejas, me viene el Jose, el Lince, le llaman, será porque los ojos no acabas de situarlos donde los tiene, uno no sabe si es que no te quiere ver o es que en verdad está acechando a un conejo, venga del lao que venga.
Buen tipo el Lince. Todo hay que decirlo.
Ya venía el hombre algo cargado, de hombros, como siempre, pero más le pesaba la porfía con Manolo el Chato: Se trincaron, entre los dos, litro y medio de vino de Ayllones, uno, y el otro lo mismo de Maguilla:
” Los de Ayllones, este año le han dao al agua. Han secao hasta el Pozo Santo de Azuaga”
” Victoriano, no me vengas con historias”.
Ni Loro ni Conchas, ni quiosco en el parque ni tostá con pringue colorá en La Mezquita.
Ahí no se me ha perdio na, y en los meses de verano menos, y pa la feria que no hay quien ande entre endomingaos.
Muchos veranos hace que no se acerca por el Cerro Hierro. La última vez aún fumaba y se dejaba caer por el Camilo o La Guarra.
Antes, la ruta del tabaco y el vino: una cuarta de tabaco pa liar, una arroba de vino en las bodegas Castillo, tres botellas de aguardiente y alguna caja de botellines Mahou en la Leonesa.
Que rara aquella mujer, La Leonesa, tenía cuatro pelos en la cabeza y una perilla de legionario.
Y el Lince, dale que te pego con el Maguilla, y yo, ya con los ojos medio entornaos se me ocurre mirar el reloj: ¡Joer, otra vez se me ha escapao la camioneta!
Total que ya no había prisa.
Y es que el Lince me lía. !Pues no se me va el tío a meá y me deja tirao esperándole tres horas¡ Que no tiene cabeza. En sabiendo que tengo a las ovejas y a las cabras sin ordeñe.!
El cacho cabrón se había quedao dormio en la tapia del cementerio. Que había io a comprar tabaco al bar del Camilo y algo raro le pasó.
Raro, sí ¡los cojones! Se cayó redondo con la que llevaba, y mira por donde, apareció la mala puta de la Conchi y a arrastras se lo metió entre las piernas. ¡No es nadie la “rumana”.
Frente a la estación, en el bar de la Aurora ponen buenas tapas. Me lo dijo mi primo Manolo. Y allí estamos de nuevo el Lince y yo.
Tenía razón mi primo ¡que joio! ¡Con el vaso de vino, una tapita de pescá con sus gambas y to! Como la zarzuela de mi sobrina, la que vive en Sant Boi, pero en pequeño.
Tenía razón mi primo ¡que joio! ¡Con el vaso de vino, una tapita de pescá con sus gambas y to! Como la zarzuela de mi sobrina, la que vive en Sant Boi, pero en pequeño.
Y dale con San Boi.
Pa qué le conté al Lince lo que me habían contao de la Serrana.
Resulta que el hermano de su abuelo estuvo en el fregao de la Serrana, coño¡¡¡ que mataron al guarda de la Escurtia pa llevarse unos cochinos, y que el “Chato” apareció colgao de un chaparro en la dehesa.
Si no había había pa comé – me dice el Lince – si metían en la cárcel a quien pillaban cogiendo bellotas, no te extrañe que a esos hijos de puta se les ocurriera llevarse cuatro cochinos pa su matanza..
Los cochinos eran más importante que el Venancio, el pobre,
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